sábado, 13 de diciembre de 2008

LA NEGACIÓN DEL ETERNO FEMENINO...

...Es evidente que el descontento de mi padre para con mi sexo no iba a dejarme indiferente. Yo, que quizás por mi malformación del tabique cerebral tenía una percepción del mundo exterior desconocida para cualquiera de los bebés que me rodeaban, me di cuenta rápidamente de que mi supervivencia vendría determinada por mi capacidad para adaptarme al mundo masculino.
Y a ello me puse rápidamente.
El primer acto reivindicativo de mi derecho a la igualdad de oportunidades y de mi total desprecio hacia mi condición de hembra fue deshacerme de un pendiente. Era lo único que me diferenciaba de los chicos, puesto que por lo demás, y ya que la economía familiar era bastante precaria, fui ataviada con las ropas que dejaba mi hermano ( 3 años mayor que yo y también nacido en Invierno ) prácticamente hasta la adolescencia.
Cuando mi madre se percató de la pérdida desmanteló la cuna y varios armarios en busca de la joya; era un arete de oro que, en aquéllos años, debía valer una pasta. Amén de que la aguja se me podía quedar incrustada en cualquier parte, y a saber si con el paso de los años no iba a acabar trayendo al mundo a un niño con un zarcillo incrustado en el páncreas.
Finalmente, y tras poner patas arriba toda la casa, mis padres llegaron a la conclusión de que debían "esperar" a la baratija. Y así lo hicieron, un día tras otro hasta que, finalmente, el preciado arete apareció un día, envuelto como un regalo de Navidad, y fue restituído a su lugar de origen.
Pero no permaneció allí durante demasiado tiempo. Pese a mi corta edad, parece ser que mi habilidad para desenganchar el pendiente era asombrosa, puesto que a los pocos días volvió a desaparecer, para aparecer más tarde entre las sábanas. Así un día y otro hasta que, finalmente, mi madre decidió que, de momento, mi condición femenina podía pasar desapercibida para el resto de la humanidad....
Al menos mientras durase el Invierno

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